Crítica del libro Historia reciente, género y clase trabajadora

Andrea Andújar*

Recibido: 15 de junio de 2018
Aceptado: 07 de julio de 2018

En los últimos años el campo de estudios de la historia reciente en la Argentina se ha consolidado, denotando su pujanza en la variedad de enfoques, interrogantes y  estrategias metodológicas utilizadas para indagar el pasado cercano. Las evidencias de su solidez se advierten con facilidad en la proliferación de reuniones científicas específicas de alcance nacional y local, en el incremento de materias de grado, de seminarios de posgrado y tesis de investigación interesadas en distintos sujetos, dimensiones y acontecimientos de esos conflictivos años, y en la profusión de publicaciones de corte testimonial, periodístico y académico destinadas a públicos diversos.

El libro compilado por Karin Grammático, Mariela Marini y Wanda Weschler da cuenta de esa vigorosa trayectoria pero sobre todo, del esfuerzo por enriquecer la comprensión de esa etapa poniendo en diálogo perspectivas, nociones y conceptos inscriptos en distintas tradiciones teóricas. Ya en la formulación de su título se insinúa tal pretensión y sus alcances, delineados por la posibilidad de interacción entre al menos dos bagajes analíticos: el provisto por los estudios de género y aquel concentrado en la historia de la clase trabajadora. Unos y otros cuentan a estas alturas con un extenso desarrollo. Sin embargo, son escasos aún los estudios interesados en indagar el mundo del trabajo y las prácticas, experiencias e identidades de la clase trabajadora durante la década de 1970 desde una mirada que integre la perspectiva de género. Es en la probabilidad de ese encuentro donde las páginas de esta obra, que reúne cinco trabajos escritos por reconocidas y reconocidos especialistas en este campo de estudios, cifran una de sus más alentadoras promesas.[1]

Inicia la compilación “Diálogos y debates en la historia argentina reciente”, un capítulo de autoría compartida entre Débora D´Antonio y Ariel Eidelman. Su propósito es reflexionar sobre la especificidad de este campo histórico a la luz de un análisis que privilegia la demarcación de sus fronteras temporales, de los tópicos de investigación y las herramientas teórico-metodológicas que mapean dominantemente su abordaje. Luego de repasar algunos consensos historiográficos alcanzados sobre ciertos rasgos característicos de esta etapa, postulan una definición propia de la historia reciente  ubicándola “como un período singular en el que se articulan elementos históricos específicos en el marco de una unidad contradictoria estimulada por la lógica de los conflictos sociales” (pag.3). Es en esta opción por el conflicto, fundamentalmente el originado en las contradicciones de clase, donde se asienta la mirada renovada que brindan D´Antonio y Eidelman frente a otras interpretaciones. Esto se advierte, por ejemplo, en la selección de los hechos y procesos que determinan el inicio y la conclusión del período. Alejándose de posturas institucionalistas, proclives a precisar sus límites en función de la sucesión entre gobiernos democráticos y dictatoriales, los autores sitúan las cesuras que enmarcan la historia reciente en el decurso de la lucha de clases, sus ritmos y horizontes. Así, ubican su punto de partida en las insurrecciones obreras de Córdoba y Santa Fe de 1969, acontecimientos que ocasionaron el fin del proyecto de la dictadura militar encabezada por Juan Carlos Onganía y una inflexión en el proceso de radicalización política protagonizado por la clase obrera en alianza con sectores estudiantiles y con organizaciones de izquierda armadas y no armadas. Su clausura se coloca hacia 1982, con “el ocaso de las alternativas políticas abiertas con las acciones de masas del año 1969 y en estrecho vínculo con las derrotas” infligidas por el gobierno de la derecha peronista y la última dictadura militar a considerables sectores de la sociedad argentina (pag. 6). Al descansar en una historia social atenta al protagonismo de la clase trabajadora, este estudio alienta a su vez otras interpretaciones posibles para temas asiduamente visitados, como por ejemplo el de la violencia política. En esa dirección, colabora en resituar a las organizaciones revolucionarias y sus prácticas políticas al advertir los vínculos construidos entre ellas y los trabajadores, lazos que no estuvieron exentos de tensiones pero que expresaron también acuerdos sobre ciertos objetivos y modalidades de acción. Asimismo, en tal análisis se reserva un lugar destacado tanto para la metodología de la historia oral como para los estudios de memoria, de género y sexualidad, subcampos sumamente dinámicos en la producción de insumos epistemológicos en torno a ese pasado.

Un análisis ilustrativo sobre los beneficios epistemológicos que depara indagar la memoria a la luz del género y examinar desde tal intersección el lugar del testimonio en la reconstrucción del pasado lo ofrece Alejandra Oberti en el capítulo siguiente, titulado “Entre generaciones, militancia y transgresión”. Esta investigadora, procedente de la sociología y comprometida con los estudios de género, retoma aquí una preocupación que ha concentrado su atención a lo largo buena parte de sus trabajos: “la relación con el pasado que se establece en los testimonios sobre la militancia política argentina de los años 70” (pag. 15). A partir de las formulaciones de Michel Foucault, Giorgio Agamben y Paul Ricoeur, cuyas propuestas maneja con soltura, Oberti somete a discusión el derecho de verdad que el protagonista directo de los acontecimientos pretéritos busca imprimir a su relato en función, justamente, de haber sido parte de ellos. Sin desestimar el valor que posee la palabra de quienes encarnaron las experiencias militantes de la década de 1970 para comprender más cabalmente tal etapa, la autora advierte sobre sus límites pues como se ha señalado, la memoria sobre el pasado no es el pasado sino una elaboración retrospectiva del mismo en la que interviene lo recordado y la actualidad de quien recuerda; es el resultado de una construcción social dinámica que otorga sentido a la experiencia vivida desde el presente,  que se sostiene además en anclajes diversos y que puede disponerse con distintas intenciones a la hora de su comunicación. Para contrarrestar el peso de tal pretensión de verdad entonces, este estudio enfatiza la necesidad de una escucha crítica, capaz de tensionar esa narrativa a partir de una control epistemológico fundado en las reglas provistas por los saberes disciplinares. Estas consideraciones sobre la memoria, el testimonio y la construcción del conocimiento sobre el pasado son puestas en práctica en el examen de una dimensión de la militancia setentista: la relativa a la vida cotidiana, los afectos y las relaciones con las hijas e hijos sobre todo en lo atinente a la educación  para la emergencia de los futuros sujetos revolucionarios. Con tal preocupación en mente, Oberti analiza segmentos de un testimonio que vincula a tres mujeres de distintas generaciones -madre, hija y abuela-, a fin de rastrear de qué manera las organizaciones revolucionarias concibieron lo personal, lo político y las relaciones entre ambas dimensiones.

En el tercer capítulo titulado “Género, trabajo y experiencia: perspectivas teórico-metodológicas para el abordaje de las narrativas biográficas”, Florencia Partenio se ocupa también de las narrativas biográficas, pero siguiendo otros derroteros: el comprendido por las experiencias de ciertas mujeres trabajadoras en tiempos más cercanos a nuestro presente. Enmarcado en el crítico contexto de inicios del siglo XXI, este estudio -ubicado también en sede sociológica- se propone específicamente “abordar una serie de reflexiones teórico metodológicas sobre la revalorización de la noción de experiencia desde los estudios de género y feministas, considerando su vínculo con la agencia y las narrativas biográficas” (pag. 40). Su punto de partida lo constituyen los cuestionamientos realizados por Joan W. Scott a la concepción de la categoría de experiencia desplegada por el historiador marxista británico Edward P. Thompson en su clásico estudio sobre la clase obrera inglesa. En particular, se detiene en la objeción realizada por la historiadora feminista a la autoridad que Thompson habría otorgado a esta noción al situarla como basamento último de evidencia sobre la cual descansa la explicación histórica. Luego de seguir el itinerario del pensamiento de Scott fundamentalmente sobre este tópico, con los debates iniciados por ella y las críticas de las que fue objeto, Partenio recala en otras pensadoras feministas que revalorizan la noción de experiencia y su utilidad para el estudio histórico-social. Sin caer en una concepción integral y racional de los sujetos o en una mirada que sitúe a la experiencia como prueba autoevidente, la autora de este capítulo se nutre del diálogo con esas otras teóricas del feminismo para brindar una definición alternativa de esa noción, fundándola alrededor de la agencia y de la dimensión narrativa de las mujeres. Contrasta su propuesta en el examen de tres escenas de experiencias femeninas ubicadas en el mundo del trabajo durante la crítica coyuntura del año 2001. Se trata de dos fábricas metalúrgicas y una textil, localizadas todas en la provincia de Buenos Aires, con una fuerza laboral de origen mayoritariamente masculina e involucradas en los procesos de cierres y recuperación de empresas por parte de sus trabajadores y trabajadoras. A través de entrevistas, Partenio se interna en la vida de las trabajadoras, en su cotidiano laboral y social,  y en sus construcciones colectivas, trazando la historicidad de sus experiencias al observar –entre otros aspectos- cómo ellas edificaron un “nosotras” situado en la lucha y en la resistencia, de qué manera tensionaron los roles de género tradicionales y cómo buscaron transformar sus condiciones de vida y de trabajo en ese proceso.

Los dos capítulos restantes mantienen la mirada en la clase trabajadora pero retornando a la década de 1970. En “Algunos aportes a la historia de los trabajadores en la década del setenta”, Federico Lorenz vuelve sobre sus propios pasos además, retomando su clásico estudio sobre los astilleros Astarsa y la historia de la Agrupación Naval José María Alesia, organización sindical de base fundada por iniciativa de los trabajadores en 1973, y cuya denominación rendía homenaje a un obrero muerto en mayo de ese año en un accidente laboral. Profesando una orientación ideológica variada, los integrantes de la Agrupación conjugaron en su inicio una identificación con el clasismo que concluyó por referenciarse con la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), frente sindical de masas de Montoneros. En base a entrevistas a los obreros que sobrevivieron a la ferocidad de la represión descargada por el Estado en su contra, Lorenz recupera la manera en que valoraron su experiencia de lucha, de organización  y de vida en el lapso comprendido entre la primera victoria de la Agrupación sobre la patronal a comienzos del gobierno de Héctor Cámpora, con la toma de los astilleros, y el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Pero fundamentalmente, se detiene en las relaciones entabladas entre ese sector de la clase obrera y la militancia guerrillera. Es en tal dimensión donde este capítulo propone mayores novedades. En un contexto más favorable a las demandas proletarias en el ámbito laboral, donde las luchas obreras podían inscribirse en proyectos políticos cuyos horizontes cubrían desde la liberación nacional hasta la instauración del socialismo, Lorenz advierte las estrategias puestas en marcha por los trabajadores para defender sus derechos e ir por mayores conquistas. Los vínculos establecidos con Montoneros fueron parte de tales iniciativas. Otras contemplaron también el uso de la violencia ocasionalmente para defenderse de los embates de una patronal poderosa, aliada con la burocracia sindical naval y con un acceso privilegiado a las fuerzas represivas estatales y para-estatales. Desde una mirada centrada en la represión al movimiento obrero e interesada en revalorizar el protagonismo de la clase trabajadora para la comprensión de esa etapa, el autor se suma al debate historiográfico sobre los inicios del terrorismo de Estado situándose entre aquellas interpretaciones que lo ubican dentro del gobierno peronista. También adhiere a la línea de análisis dispuesta a examinar las complicidades civiles con el ejercicio represivo estatal. Propone en tal dirección revisar la idea de la violencia instrumental sin que ello signifique equiparar la violencia del Estado con la de las organizaciones insurgentes sino, en palabras del autor, “devolver especificidad política a esta discusión para que tal equiparación no sea posible” (pag. 81).

Cierra el libro un texto de Victoria Basualdo, “Militancia y organización obrera de base durante la primera mitad de los años setenta: una aproximación desde la historia oral al caso de Alpargatas en Florencio Varela”.  Al igual que en el caso anterior, esta historiadora revisita en este capítulo una de sus investigaciones cardinales, la relativa a la fábrica Alpargatas localizada en Florencia Varela, zona sur del conurbano bonaerense. El objetivo específico del trabajo es examinar la militancia obrera y sindical en la planta durante la primera mitad de la década de 1970 prestando atención a la organización de base. Enfocada en el cuerpo de delegados y las comisiones internas y a partir del uso de la historia oral, Basualdo reconstruye la militancia obrera de planta y los desafíos que implicó para la dirección empresarial, la conducción sindical tradicional y el propio gobierno. Así se interna por las trayectorias laborales y vitales de los y las trabajadoras de Alpargatas indagando en sus identidades políticas y de género. Ello le posibilita comprender la manera en que se fue construyendo un activismo fabril opositor a la conducción sindical considerada “entreguista”, relevar cuáles fueron las exigencias obreras de mayor peso así como dar cuenta de las posibilidades favorables para su consecución abiertas durante el interregno de Cámpora.  Como en el caso de Astarsa, el estudio de Alpargatas revela la radicalización de la clase trabajadora en este período y su pase a una ofensiva en el conflicto de clases. También, denota los vínculos trazados con las organizaciones revolucionarias. Pero aquí, la autora evita generalizaciones sobre esta trama colocando el acento en un aspecto central de esa cercanía: el de la proletarización. En general, esta dimensión de la práctica política de los partidos de izquierda ha sido más citada que estudiada en profundidad por parte de la literatura especializada en los años ’70. La autora, por el contrario, se ocupa de ella a la luz del andamiaje empírico que obtiene en su estudio de caso. Así, logra componer una imagen más cercana a la vida y la cotidianeidad de quienes experimentaron esta práctica política denotando cuál fue la dinámica que adquirió la proletarización en Alpargatas, cuáles fueron sus sentidos, sus alcances, límites y obstáculos, las implicancias que tuvo para quienes la encararon así como para quienes convivieron con ella. En definitiva, la revisión de estas prácticas así como de las formas de organización en el lugar de trabajo y los conflictos dinamizados por los y las trabajadoras de esta empresa textil y de calzado promueven un conocimiento más denso sobre ese pasado cercano a luz de la agencia de los variados sujetos involucrados en la conflictividad de ese período.

Visto en conjunto, este libro reúne cinco trabajos que se van encadenando de manera consistente en función del abordaje de ciertos tópicos desde la interacción de perspectivas y conceptos variados. Así, el lector o lectora encontrará estudios que ponen el acento en la definición de la historia reciente y sus singularidades, en el lugar de la memoria y del testimonio como instrumento central para su conocimiento, en la  dinámica de organización y lucha de la clase trabajadora o en la manera en que el género atraviesa la memoria o la experiencia de clase. Esta congruencia también puede advertirse en la puesta en práctica de un diálogo interdisciplinario sofisticado entre la historia y la sociología en particular. En este sentido, el libro persevera en una tradición constitutiva -y sin dudas fecunda- de este campo de estudios pues los intercambios entre disciplinas han sido nodales en su formulación.

Otro aspecto meritorio de este libro se encuentra en los interrogantes y desafíos analíticos que despierta. Uno de ellos refiere a la periodización de la historia reciente. Diseñarla en función de la lucha de clases es una apuesta saludable que además, invita a profundizar el debate en el contenido de ciertos términos y sus alcances. Por ejemplo, aquel que sitúa la conclusión del período en función del ocaso o la derrota de la alternativa política abierta en 1969. ¿Cómo definir el ocaso y la derrota, y cómo medir sus efectos? Más aún, si esa derrota se consumó en 1982 cristalizando allí el final de una etapa, ¿cómo entender la profundización del modelo neoliberal en la década de 1990? A su vez, ¿dentro de qué campo se sitúan aquellas investigaciones dispuestas a examinar ese proceso y a sus protagonistas? El trabajo de Florencia Partenio es una muestra clara de ese desplazamiento de fronteras temporales y denota la pertinencia de su inscripción dentro de este campo de estudios. Pero a su vez, su trabajo valida más aún las posibilidades analíticas que promueve el uso de la categoría de género, lo cual promete mayores posibilidades de comprensión de la historia de la clase trabajadora y del conflicto de clases en ese pasado cercano. Entre otras cuestiones, también abona a inquirir, por ejemplo, de qué manera esa derrota incidió en términos de género.

Estos interrogantes no opacan de ninguna manera la riqueza de esta compilación. Más bien se nutren de los aportes de esta empresa colectiva encarada por Grammático, Marini y Weschler. Un empeño más encomiable aún en estos momentos en que el gobierno argentino liderado por Mauricio Macri ha decidido, por medio de un decreto, restituir al Ejército su poder de acción contra la población de la Argentina acudiendo a unos eufemismos que ocultan poco y mal los postulados y propósitos de una medida de esta naturaleza.  Sin dudas, empresas como la encarada en este libro son cardinales para comprender con mayor profundidad lo sucedido en el pasado. Pero más aún para colaborar en reflexionar sobre el presente y el futuro que deseamos, y el lugar que colectivamente estimemos concierne al Estado y sus fuerzas represivas en él.

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  Grammático, Karin; Mariela Marini y Wanda Wechsler (comp.) 2018 Historia reciente, género y clase trabajadora. Imago Mundi, Buenos Aires. 144 p. ISBN 978-950-793-306-6

* Doctora en Historia UBA (Universidad de Buenos Aires), investigadora del IIEGE (Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género), investigadora adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y docente de Historia de cursos de grado y posgrado en distintas universidades nacionales.  andreaandujar@gmail.com

[1] El libro es resultado del proyecto de investigación “Experiencias, luchas y memorias de trabajadoras y trabajadores en el pasado reciente argentino” dirigido por Karin Grammático y financiado por la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Las y los autores de los capítulos han colaborado en distintos momentos con el desarrollo de tal pesquisa.

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  Cómo citar ¬

Andrea Andújar, «Crítica del libro Historia reciente, género y clase trabajadora», Revista de Estudios Marítimos y Sociales [En línea], publicado el [insert_php] echo get_the_time('j \d\e\ F \d\e\ Y');[/insert_php], consultado el [insert_php] setlocale(LC_ALL,"es_ES"); echo strftime("%e de %B del %Y");[/insert_php]. URL: https://estudiosmaritimossociales.org/archivo/rems-13/resena-marioli/
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