Territorios y cuerpos en el norte de la Patagonia:
desafíos teóricos y metodológicos en tiempos de extractivismo

Territories and bodies in the North of Patagonia: methodological and theoretical challenges in extractivism times

Graciela Alonso*
Verónica Trpin**

Recibido: 27 de noviembre de 2017
Aceptado: 17 de junio de 2018

Resumen

Nos interesa desarrollar los debates en torno a las implicancias del avance de las fronteras del extractivismo en el norte de la Patagonia y los desafíos teóricos y metodológicos que conllevan para las investigaciones que desarrollamos. Como parte de esos desafíos, sostenemos la necesidad de integrar analíticamente las dimensiones de los territorios y los cuerpos, mirando críticamente el modelo de desarrollo hegemónico que disputa y tensiona la circulación de saberes y experiencias subalterizadas. Consideramos relevante articular el trabajo desde diferentes disciplinas sociales y la no escisión de la investigación de las luchas y saberes que las comunidades mapuce, organizaciones medioambientales y feministas están desplegando en los territorios. Como cientistas sociales nos es imperioso profundizar el estudio de las relaciones estructurales de dominación y la construcción de categorías sociales que permitan aportar a la comprensión de las transformaciones que transitamos. Presentaremos algunos debates recuperados en torno al avance del fracking en la provincia del Neuquén, en el área conocida como Vaca Muerta y la resistencia sostenida por las mujeres mapuce a partir de la noción de cuerpo territorio.

Palabras clave: extractivismo – cuerpo – territorio – Patagonia

Abstract

We are interested in developing the implications of the advance of borders of extractivism in the north of Patagonia and the methodological and theoretical challenges that it entails for our research. Among our concerns, we sustain the need to analytically integrate the dimensions of territories and bodies, as well as to critically look at the disputed development models that tension the circulation of subalterized knowledge and experiences. We consider it relevant to articulate the work from different social disciplines and no cleave the investigation of the struggles and knowledge that Mapuce communities, environmental organizations and feminists are deploying in the territories. As social scientists, it is imperative for us to deepen the study of the structural relations of domination and the construction of social categories that allow us to contribute to the understanding of the transformations that we transit. We will present some debates about the progress of fracking in the province of Neuquén, in the area known as Vaca Muerta.

Key words: extractivism – body – territory – Patagonia

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Introducción

El presente trabajo parte de recuperar un conjunto de análisis realizados desde unas jornadas de reflexión, investigación y coproducción de saberes, cuyo eje giró en torno al tema de cuerpo y territorio en contextos neodesarrollistas.[1] Centralmente se problematizó la expansión de la explotación hidrocarburífera bajo la modalidad conocida como hidrofractura o fracking y se expresaron algunos debates en torno a sus efectos en el área de exploración Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén y las resistencias territorializadas protagonizadas por mujeres mapuce.

Este espacio de intercambio en el que confluyeron saberes gestados desde la academia y desde las experiencias de las organizaciones sociales, se produjo en un contexto de fuertes disputas políticas, debido al avance de las fronteras del extractivismo, y en el marco del fortalecimiento de vínculos establecidos -desde diferentes espacios y actividades- entre personas con inserción en la Universidad Nacional del Comahue y militantes de organizaciones sociales, especialmente con integrantes de la Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén y mujeres de la Confederación Mapuce de Neuquén.

La universidad, y sus aparatos de producción académica, no está ajena a estas disputas y en su interior las posiciones se tensionan, desde campos de conocimientos diferentes (las ciencias sociales y las ingenierías), y principalmente, con relación a consideraciones acerca del llamado “modelo de desarrollo regional”.

El espacio de análisis y coproducción de saberes habilitados en las Jornadas, se propuso interpelar las concepciones hegemónicas entorno a: ¿Quiénes pueden hablar sobre desarrollo y extractivismo? ¿Cuáles son los saberes autorizados para realizar aportes? ¿Qué implica un mejor desarrollo territorial? ¿Qué lugar tienen los cuerpos en estos debates?

Es importante destacar que quienes nos ubicamos en un lugar de interpelación a la hegemonía construida en torno a la explotación hidrocarburífera, y al extractivismo en general, venimos desde hace largo tiempo trabajando con organizaciones sociales y del pueblo mapuce, produciendo aprendizajes mutuos en base a un diálogo respetuoso de experiencias y cosmovisiones.

Con el propósito de profundizar los debates en torno al extractivismo abordados en las jornadas señaladas, en una primer parte del trabajo analizamos la potencialidad de integrar analíticamente las dimensiones de los territorios y los cuerpos, en las que se expresa la disputa entre los modelos de desarrollo extractivistas -impulsados por los estados nacional y provincial e inversiones de capital concentrado- y nociones de una relación con el territorio y la naturaleza que involucran saberes y experiencias subalterizadas. En una segunda parte del trabajo, sostenemos que las resistencias a los modelos extractivistas cobran visibilidad, particularmente desde acciones protagonizadas por las mujeres mapuce que habitan territorios en los que se explotan hidrocarburos. Las mujeres mapuce de la comunidad Campo Maripe[2] ponen en juego sus cuerpos, saberes y emociones, desde acciones en las que construyen y reconstruyen relaciones de descolonización hacia afuera y hacia adentro, dado que la relación cuerpo territorio adquiere una significación capaz de articular lo político y lo filosófico ancestral.

Asimismo, este trabajo profundiza una preocupación por articular el trabajo desde diferentes disciplinas sociales y no escindir la investigación de las luchas y saberes que las comunidades mapuce, organizaciones medioambientales y feministas están desplegando en los territorios. Como cientistas sociales nos es imperioso profundizar el estudio de las relaciones estructurales de dominación y la construcción de categorías sociales que permitan aportar a la comprensión de las transformaciones que transitamos.

Avance de las fronteras del extractivismo en el norte de la Patagonia

Se caracteriza a la actual etapa del capitalismo como extractivismo, etapa identificada como parte de la dinámica neodesarrollista presente en los últimos 50 años en los países latinoamericanos. Dicho proceso se identifica por el agotamiento de los recursos disponibles, por la transición de la etapa keynesiana hacia el neoliberalismo y por la emergencia de luchas sociales no sólo centradas en la lucha de clases, sino por la emergencia de luchas anticoloniales, de mujeres y de pueblos originarios [Féliz 2017].

Luego de tres décadas de neoliberalismo, que puede caracterizarse por una reestructuración global del capitalismo y la conformación de un capitalismo transnacionalizado, [Marini 2007 en Féliz y López 2012], se observa el éxito de este proceso, dado que logró reconfigurar la inserción de los países latinoamericanos en los procesos de acumulación de capital y con ello limitar las iniciativas de desarrollo capitalista autónomo -que había sido el impulso en las décadas desarrollistas- [Svampa 2008 en López y Vértiz 2012]. Así puede afirmarse que estamos transitando su desembocadura, a través de lo que se nomina como “etapa postneoliberal”. Dicho momento del capitalismo tiene sobre sí la pesada herencia neoliberal entre las que se destacan: el carácter transnacional del proceso de acumulación y la dependencia asociada a la producción de commodities para la exportación [Svampa 2011; Féliz y López 2010 en López y Vértiz 2012]. Según López y Vértiz [2012], el ingreso del capital transnacional en las economías de la región –y la consolidación del proceso de transnacionalización de empresas de origen latinoamericano–, y su relación con la exportaciones de materias primas, alimentos y minerales, puede verse como parte de la estrategia global de una variedad de grandes empresas que visualizan en los países de América Latina la posibilidad de ampliar sus márgenes de rentabilidad a través de la explotación de las riquezas naturales existentes. Este proceso está marcado por dispositivos y tecnologías de “subordinación de la naturaleza” [Machado Aráoz 2013a], conflictos socioambientales y culturales, así como tensiones entre fenómenos de globalización y localización.

Como parte de esta tendencia de acumulación, la Argentina y la Norpatagonia en particular, ha sido promovida por sus gobiernos provinciales como fuente de “recursos naturales” valorados y la región vuelve a escena ante disputas por el control y explotación de sus territorios.

En este trabajo retomamos el antecedente de la actividad hidrocarburífera como parte de la configuración socioeconómica de la región y de control estatal y privado de la naturaleza. La explotación de gas y petróleo se inicia antes de la provincialización de Río Negro y Neuquén, pero cobra impulso con el descubrimiento de importantes yacimientos como los llamados Puesto Hernández y Loma La Lata, en los años 1967 y 1978 [Riffo 2016]. Particularmente en la provincia de Neuquén, la matriz económica y productiva se orientó definitivamente hacia una modalidad de crecimiento basada en los beneficios derivados de la explotación de recursos energéticos (hidroelectricidad, petróleo y gas) [Favaro 2005] y las ganancias obtenidas por la percepción de regalías fue por entonces la base del poder económico de sus gobiernos.

La década de los noventa, por su parte, rompió con las reglas básicas que habían posibilitado la reproducción exitosa de esta estrategia de desarrollo. La nueva legislación sobre el destino de los fondos federales volvió inestables los ingresos provinciales, a la vez que los vaivenes en el precio internacional del petróleo disminuyeron notoriamente los ingresos por regalías. Esta situación crítica se profundizó con la privatización de las empresas públicas, cuando se trazaron las directrices de una nueva matriz económica. La desregulación de la actividad extractiva y el privilegio de la salida exportadora de los recursos multiplicaron la producción de petróleo y gas, pero los beneficios de la actividad no se volcaron en los territorios provinciales. La privatización de la empresa hidrocarburífera estatal argentina se realizó primero, a través de la re-estructuración de YPF -entre 1989 y 1992- y con el decreto Nº 2.778/90 denominado “Plan de Transformación Global” y Ley de Federalización de Hidrocarburos y Transformación Empresaria y Privatización del Capital de YPF Sociedad Anónima Nº 24.145/92: “la planificación estatal vigente desde el descubrimiento de los hidrocarburos, a principios del siglo XX, fue transformada en la depredación neoliberal que sin exploración agotó las reservas existentes en una década” [Giuliani 2013 en Riffo y Torres 2014: 3].

La situación volvió a cambiar en los primeros años del siglo actual. La reestatización de YPF planteó una profundización del modelo extractivista con un peso importante de la administración estatal y de las políticas energéticas diseñadas en ese sentido. La cuenca neuquina se promocionó desde el 2013 con el descubrimiento de los reservorios no convencionales de gas (shale gas) en Vaca Muerta[3]. Simultáneamente, otros sistemas productivos históricamente dominantes, como la ganadería extensiva y la fruticultura en los valles irrigados, perdieron posicionamiento económico, aun cuando fueran socialmente más significativos en términos territoriales.

Cabe destacar que el proceso de extracción de gas y petróleo de manera no convencional en Neuquén, está centrado en la localidad de Añelo (100 km de la ciudad capital), en lo que se conoce como la zona geológica de Vaca Muerta. Se comenzó a decir que esta zona era la “nueva Dubái” y en el año 2013 fue declarada la capital del Shale. En junio de ese año la presidenta de la nación Cristina Fernández, anunció “Vaca Viva, no le digo más Vaca Muerta”, en referencia al mega yacimiento de petróleo y gas. Desde entonces, diversos medios de comunicación promocionaron el proyecto de explotación en el crecimiento de la localidad de Añelo en relación a las proyecciones de recuperación de “la economía provincial, generando importantes derrames en el resto de las actividades económicas presentes, incrementar en cantidad y calidad el empleo provincial y también el nivel de recaudación impositiva de la provincia” [Instituto Argentino del Petróleo y del Gas 2014: 6].

El proceso inflacionario que se generó en el territorio no ha tenido precedentes, dada la especulación inmobiliaria y los altos sueldos de los empleados de las empresas petroleras, que prácticamente coparon la vida cotidiana de la localidad. Una nota del diario La Nación del 23/11/2014 refleja las disparidades locales que generó el llamado “boom petrolero”.

El pueblo tiene muy precarios servicios. Hasta antes del surgimiento de Vaca Muerta, tenía 2700 habitantes y con poco nivel de crecimiento. Desde el surgimiento de Vaca Muerta se calcula que la población ascendió a 7500 habitantes y el municipio quedó incluido en un programa denominado Ciudades Emergentes, un acuerdo supranacional con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) donde éste financia proyectos destinados a ciudades con “economías de enclave”. Añelo es una ciudad campamento, en la que se instaló un casino antes que un hospital público. Recientemente comenzó su construcción[4] a partir de la demanda que iniciaron vecinas y vecinos, expresada en una pueblada y cortes de ruta.

En el trabajo en terreno observamos que el extractivismo extiende sus fronteras hacia zonas de producción frutihortícola y los efectos ambientales se expanden en los barrios más castigados de la ciudad de Neuquén. A menos de un kilómetro de distancia de áreas urbanas periféricas de la capital provincial se instaló un basurero tóxico a cielo abierto:[5]

Todo lo que es el cutting (los cortes), los lodos que vienen de perforación, que sacan de abajo de la tierra metales pesados, materiales muy difíciles de tratar, material radioactivo, todo eso está sobre el techo de los barrios más populares de Neuquén, porque la hidrofractura tiene que hacerse en escala masiva y saca mucho residuo.[6]

Este basurero -considerado el más grande de la Patagonia- por las acciones de protesta de vecinos y vecinas, se está relocalizando. Cabe señalar que estos son los eslabones de la cadena de negocios que toman a cargo las burguesías regionales, que a la vez son parte de la clase política provincial y local. Uno de los vecinos que forma parte de una asamblea local que se organizó para que se cerrara este basurero tóxico expresa lo siguiente:

Una de las características que tiene la contaminación por hidrocarburos, y (la que producen) estas empresas, es que es acumulativa. Nosotros sentimos los síntomas, los impactos ambientales. La picazón en la nariz, en los ojos, en todo el cuerpo, la tos constante que empezaron a tener nuestros hijos. Vivimos en un lugar vulnerable, y de eso se vale la empresa para decirnos: “Ustedes se enferman por problemas respiratorios, porque no tienen gas, vivienda digna y todo los demás”. Es verdad, estamos vulnerados por el Estado, pero si le sumás la inhalación de contaminantes, lo ingieras en el agua, los alimentos, inhalando, la misma jueza dijo en el 2009 que no hay peor forma de contaminación que la inhalación. El cuerpo habla.[7]

En este contexto es que el extractivismo y sus efectos territoriales y ambientales tienen como una de las aristas de disputa, la interpelación al estado nacional y provincial. El tema de la expansión del fracking promocionada por el estado, se abordó en las Jornadas a partir de la posición de organizaciones sociales vinculadas directamente con este debate, que a su vez conforman la Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén.[8]

Algunos de los debates que cruzaron los planteos anteriores fueron:

  • Neuquén y el territorio de Vaca Muerta, son identificados como las zonas más afectadas por el fracking luego de EEUU. Las resistencias de comunidades mapuce ante esta expansión les implica la imposición de numerosas causas civiles y penales. La disputa por el uso del territorio se desencadena en la norpatagonia por las actividades que realizan las empresas petroleras, mineras, turísticas, inmobiliarias, forestales. El Estado y el capital se aúnan promoviendo inseguridad jurídica para el pueblo mapuce y seguridad jurídica para las empresas.
  • Como parte de la universidad, las investigaciones debieran sostener, en forma urgente, argumentaciones críticas de las políticas de los gobiernos y de acompañamiento a las luchas sociales.
  • La necesidad de generar espacios de construcción de estrategias pedagógicas para socializar argumentaciones con las comunidades afectadas que les permitan interpelar al Estado y a la vez, responder a sus interpelaciones, así como evidenciar y denunciar la expansión de las empresas “inversoras” en la actividad hidrocarburífera a partir de acuerdos con el Estado.
  • Poner en debate a costa de qué sectores se explotan los recursos naturales en la Patagonia, lo cual implica poner en crisis el modelo de acumulación que genera la Argentina y considerar que este debate es central para pensar las formaciones de grado y postgrado en la universidad pública con anclaje territorial.

Por otra parte, sostenemos que el extractivismo no es sólo un modo económico sino transversal, estructural y estructurante de las prácticas sociales que, como sostiene Grosfoguel [2016] impregnan todas las dimensiones desde las cuales somos, estamos y sentimos en este mundo. Es decir, como un modelo de explotación que abarca la totalidad de nuestras actividades; desde lo más concreto a lo más abstracto y que, en conjunción con otras formas de opresión (patriarcado, colonialismo y conformación del capital) configura una manera particular de relacionarnos, mirarnos, sentirnos y pensarnos dentro de los círculos de intersubjetividad en los cuales construimos nuestras subjetividades.

En tanto práctica estructurante, el extractivismo y sus actividades asociadas, despliegan una forma particular de configuración de subjetividades, es allí donde entendemos, que éstas prácticas de extracción y violencia se encarnan en los territorios y también en los cuerpos [Grosfoguel 2016].

Desafíos para nuestras miradas acerca de la relación territorio cuerpo

Entre las preocupaciones discutidas en las jornadas y que se recuperan también del trabajo de campo realizado en territorios indígenas afectados por el fracking, circuló la necesidad de integrar analíticamente las dimensiones de los territorios y los cuerpos como parte de los análisis académicos y en diálogo con las organizaciones indígenas regionales.

Las mujeres mapuce en éste y en otros encuentros expresaron su posición respecto a cómo la consolidación del capitalismo y del sistema estatal sobre los territorios de los Pueblos Originarios, y en particular del Pueblo Mapuce, se hizo sobre la base del genocidio y la violencia hacia sus sistemas de vida,[9] lo que implicó la ruptura de sus modos de relación con el territorio, a través de la imposición de un sistema ajeno y destructivo de desarrollo, situación que continúa y se profundiza en el momento actual. Para nuestras interlocutoras, continúa reactualizándose una agresión colonial que no ha concluido.

El avance en las últimas décadas de lo que Segato [2014] denomina el frente colonial, estatal, empresarial, mediático y cristiano, condiciona profundamente la vida de las mujeres, coloca a las poblaciones mapuce, en un estado de permanente tensión por la defensa de sus territorios, fundamentalmente porque desde esta cosmovisión el espacio territorial es constitutivo de identidad. Cada ce (persona) posee un origen territorial y un origen familiar que da cuenta de su pertenencia comunitaria, que trasciende lo “sanguíneo”, traduciéndose en conocimientos que se reactualizan en cada nuevo ciclo, en busca de establecer una relación armónica con la naturaleza. Para ello, las comunidades organizan el espacio territorial de manera que se resguarde el equilibrio de todas las fuerzas (newen) que cohabitan el Wall mapu (ambiente), para que cada uno cumpla con su rol y de esta manera preservar el ixofil mogen, lo que se traduce como biodiversidad. La lucha por el derecho territorial es entendida desde una mirada integral, abarcando todas las dimensiones, inclusive miñce mapu (el subsuelo); es decir que trasciende la idea de propiedad privada, pues el mapuce es parte integrante de este espacio y no su dueño.

Esta concepción es intervenida por el estado, que intenta dar una solución a las demandas territoriales ofreciendo un “título de propiedad” (en el mejor de los casos), reduciendo este derecho sólo a la entrega de lo superficial, reservándose los derechos de explotación de los espacios aéreos (wenu mapu) y del subsuelo (miñce mapu). Estas diferencias de concepciones e intereses, movilizan a las comunidades que se organizan para denunciar[10] no sólo el profundo daño ambiental que se realiza sobre los territorios, sino también aquel que se produce al interior de las vidas familiares. Diana Lenton [2008] denomina a este proceso “daño cultural”, entendiéndolo como la imposición de modos de vida que rompen los lazos sociales y comunitarios y además resultan funcionales a “una mayor dependencia (…) y menores posibilidades de autonomía (…) implica siempre un atentado a la dignidad del grupo”. Este daño se visibiliza también en los cuerpos de las mujeres que son apropiados para el trabajo doméstico o la prostitución en zonas donde se desarrollan las actividades petroleras.

Así se rasga el tejido social comunitario, se instala el autodesprecio, el endo-racismo y el racismo intrapsíquico, pues el método es la profanación. El cuerpo de la mujer alegoriza el cuerpo social, y la dominación sobre el mismo simboliza el poder jurisdiccional sobre un territorio [Segato 2016a].

Es frecuente encontrar en los relatos de las mujeres mapuce la relación entre el daño a los territorios con el daño a sus cuerpos. Esta corporización del daño puede ser analizada desde los planteos de Lugones [2008] como la extensión de una dicotomía fundante de la modernidad /colonialidad: la separación entre lo humano y lo no humano [Lugones 2008] siendo los indígenas en general y las mujeres en particular, colocadas en situación de sospecha de ser verdaderamente humanos/as. En América Latina el modelo extractivista provoca una “actualización del hecho colonial”, que opera produciendo una abismal expropiación de la sensibilidad corporal, en las acciones de despojo más radicales y virulentas que coaliciones transnacionales empujan de la mano de gobiernos locales y nacionales [Machado Aráoz 2014].

La intervención que se está produciendo sobre los territorios involucra una afectación sobre las fuentes de vida. Una de las problemáticas descriptas por miembros de la comunidad refiere a la falta de agua. Manifiestan que ésta ha sido uno de las principales causas por las cuales la comunidad no ha retomado cotidianamente sus prácticas de agricultura, y siembra de frutales. En el tiempo que lleva la explotación del yacimiento Vaca Muerta en la zona donde desarrolla sus actividades la comunidad Campo Maripe, ya se han registrado numerosos accidentes (explosión de un pozo, derrames, entre otros) movimientos excesivos de suelos, contaminación de agua, mortandad de animales por caída a pozos, por beber agua contaminada o por pastorear en zonas con gran movimiento vehicular [Villarreal y Meza 2015].

Cuerpo y territorio se anudan en los obstáculos para proveerse, entre otras cosas, de alimentos sanos y para la recolección del lawen fundamental en la medicina propia. La comida y la medicina sólo se puede tener en tanto existan territorios y esos estén sanos y sin contaminación.

Sostiene Pety Piciñan, Pijañ Kuse de la Confederación mapuce:

Hoy tenemos la gran dificultad que en nuestros territorios donde existe la medicina, está en manos de los grandes poderosos: estancieros, terratenientes que se han quedado con las mejores tierras de nuestro pueblo. Entonces, estamos prohibidos de acceder a nuestra medicina. Para que el maci pase con todos sus elementos de curación tenemos que atravesar una frontera, la cual nos prohíbe andar libremente con todos nuestros elementos de curación [Piciñan 2017].

El extractivismo es estructuralmente patriarcal y afecta la vida, la salud, las relaciones familiares y comunitarias que las mujeres entretejen y sostienen cotidianamente. Ante estas situaciones, en algunas comunidades las mujeres mapuce protagonizan acciones y estrategias de defensa y resguardo del ambiente y del territorio, por eso son judicializadas y criminalizadas, dañadas en la salud hasta la muerte misma.

Estas dolorosas realidades han movilizado a las mujeres de las comunidades,[11] poniéndose al frente de estas luchas, exponiendo el propio cuerpo en espacios de resistencias. Machado Aráoz [2013b] sostiene que no hay conflicto por los territorios que no atraviesen los cuerpos, por ellos nos interesa articular dos perspectivas: la de cuerpo, profusamente trabajada por los feminismos y la de territorio que recupera genealogías indígenas, en donde no se escinde lo corporal, espiritual y territorial. En el caso de las mujeres mapuce, sus acciones denuncian también la contaminación atravesando sus cuerpos, enfermándolos, situación que se rescata en el siguiente testimonio:

...todas las lamgen de la comunidad Maripe y todos los lamgen varones también, están sufriendo en su cuerpo, en su propio cuerpo la contaminación. Todos tienen cáncer, y eso es algo de lo que no se habla cuando se habla de la invasión territorial y de la invasión de las petroleras a nuestros territorios.[12]

Las acciones de resistencias tensionan las diferencias entre lo que significa para el estado el reconocimiento -simplificado en el otorgamiento de la personería jurídica o en políticas compensatorias-, con el posicionamiento de las comunidades, que plantean el reconocimiento como redistribución [Fraser 1997], no sólo del territorio y de los recursos, sino de la autonomía como pueblo. También tensionan el lugar de las mujeres y la naturaleza en los discursos del modelo de desarrollo hegemónico.

Remitiéndonos a una historia de larga duración, la apropiación territorio tierra es parte de la “acumulación originaria” del capitalismo y el extractivismo en constitutivo de su configuración en América Latina. Como parte de estos análisis nos interesa el aporte de Silvia Federici [2010] porque permite ver cómo la llamada “transición” del feudalismo al capitalismo se concretó a través de procesos donde los saberes y cuerpos portados por mujeres populares e indígenas, necesitaron ser destruidos (persecución y asesinato de las llamadas brujas en Europa y la matanza de los/las maci en América) para llevar adelante la usurpación de los territorios. Es esa una matriz colonial patriarcal que sigue operando como sustrato para el avance de lo que Rita Segato [2014] llama, como característica actual del extractivismo, como un frente empresarial, estatal, mediático y religioso.

Desde la perspectiva de Federici [2010], los regímenes de propiedad comunal han dotado a las mujeres de márgenes mayores de acción, porque ante el escaso o nulo reconocimiento de sus derechos sobre la tierra, lo común ha resultado fundamental como espacio de producción y de sociabilidad. De ahí que lo común, históricamente, haya estado relacionado con las economías de cuidado o de sustento en las que el papel de la mujer ha sido central. Es entonces que, el cercenamiento de lo común, implica necesariamente el debilitamiento de lo femenino y su capacidad de proporcionar apoyo y sustento a las actividades comunitarias. En cierto modo, los conflictos socio-ambientales y la recreación de una política comunitaria antagónica al capital, van revelando la capacidad productiva de las mujeres más allá de lo reproductivo, incluso con intervenciones inéditas en espacios que tradicionalmente habían sido dominados por los hombres [Federici 2010].

Estamos, como señala Machado Aráoz [2014], en territorios ultra marginales, ultra periféricos, que hoy una vez más están siendo explorados, mapeados, cateados. Los cuerpos y territorios están viviendo “un nuevo ciclo de recolonización mundializado que le ha declarado la guerra a la madre tierra, fuente nutricia de todas la especies incluida la humana” [Machado Aráoz 2014], que para Segato [2016a] opera con una modalidad de “guerra difusa”, o lo que venimos denominando -en el sentido de proceso histórico colonial al que referimos antes- como genocidio difuso.

Rita Segato [2014], analiza las significaciones de lo corporal y la sexualidad en distintos enclaves de desarrollo y explicita que en cada una de estas localizaciones, las mujeres sufren formas particulares de agresión y desposesión; su subjetividad y su corporalidad cambian de significado y pasan a ser agredidas y apropiadas de forma nueva. Las jerarquías de género propias de la vida en comunidad –que la autora denomina como patriarcado de bajo impacto- se transforman en el patriarcado moderno, de alto impacto y de muy ampliada capacidad de daño. Este patriarcado de alto impacto se configura alrededor de lo que la autora denomina la mirada pornográfica. Esta noción muestra la continuidad en el uso de los territorios cuerpos, por parte de ese mundo colonial empresarial eclesiástico que se despliega hoy en la Patagonia y en varios espacios de Argentina y de Latinoamérica.

Conclusiones

Como señalamos al inicio del artículo, las improntas teórico metodológicas que se van poniendo en juego en la producción de conocimiento, dadas las transformaciones territoriales y los conflictos suscitados en el marco del extractivismo en el norte de la Patagonia, hacen necesario un trabajo articulado desde diferentes disciplinas sociales y no escindir la investigación de las luchas y saberes que las comunidades indígenas y las organizaciones están desplegando a partir de la disputa de bienes comunes como el agua y la tierra. Como cientistas sociales que realizamos investigaciones y docencia con anclaje territorial, nos es imperioso profundizar el estudio de las relaciones estructurales entre colonialismo, patriarcado y capitalismo, sus especificidades y en esto, la construcción de categorías sociales y analíticas que permitan aportar a la comprensión de la complejidad del tipo de trasformaciones profundas que transitamos.

En este sentido, es importante seguir ampliando y complejizando la propia definición de extractivismo, tal como lo intenta Grosfoguel al proponer analizar los alcances de lo que llama «extractivismo epistémico» y «extractivismo ontológico». Sostiene, retomando a Lianne Betasamosake Simpson, que las distintas definiciones de extractivismo tienen en común

es una actitud de cosificación y destrucción producida en nuestra subjetividad y en las relaciones de poder por la civilización «capitalista/patriarcal occidentalocéntrica/cristianocéntrica moderna/ colonial» frente al mundo de la vida humana y no-humana. La cosificación es el proceso de transformar los conocimientos, las formas de existencia humana, las formas de vida no-humana y lo que existe en nuestro entorno ecológico en «objetos» por instrumentalizar, con el propósito de extraerlos y explotarlos para beneficio propio sin importar las consecuencias destructivas que dicha actividad pueda tener sobre otros seres humanos y no-humanos [Grosfoguel 2016: 126].

Ante estos desafíos, recuperamos reflexiones antropológicas que renuevan discusiones sobre las implicancias políticas de nuestros estudios, y la necesidad de construir espacios de trabajo colectivos, que involucren el reforzamiento de la co-producción de saberes con y no sobre nuestros/as interlocutores, en los términos planteados por Miguel Bartolomé. Este autor invita a inaugurar una nueva relación con quienes históricamente se constituyeron para las investigaciones sociales en “nuestros/as informantes”, de modo de habilitar un intercambio de conocimientos

y no de mercancías, una relación social igualitaria y no de extracción de información (…), un diálogo entre miembros de culturas diferentes, orientado hacia la configuración de una futura y deseable comunidad de argumentación intercultural [Bartolomé 2003: 210].

Investigar en relación a estos sujetos colectivos instala la necesidad de repensar la relación de la producción del conocimiento con las relaciones de poder, y partir de la premisa que las huellas de la subalteridad

son entonces un buen espacio para activar una diferente perspectiva de análisis que desplace al tradicional sujeto de enunciación y busque situarse en otro lugar, un lugar que permita una nueva agencia política –representacional y perfomativa- destinada a modificar los sentidos oficiales [Vich y Zavala 2004:108].

Como viene sosteniendo Machado Aráoz:

cuerpo y territorio son temas puestos en la agenda por sujetos históricamente expropiados de su condición de ser, son sujetos negados históricamente u originariamente como sujetos y sujetas. No es una invención de la academia. Por eso tenemos que ocuparnos cuál es nuestro lugar. Nosotros no estamos produciendo conocimientos de o sobre los cuerpos y territorios. Apenas estamos sistematizando conocimientos de la experiencia histórica y política de lucha de los sujetos que ya están en existencia hace ya a 500 años. Porque ellos y ellas son las principales víctimas de la agresión colonial. Una agresión colonial que tiene fecha de nacimiento, pero no de terminación. Es una agresión colonial que no ha concluido [Machado Aráoz 2017[13]].
 Citas

* Graciela Alonso: Docente Investigadora de CONICET-IPEHCS-UNCo (Instituto Patagónico de Estudios en Humanidades y Ciencias Sociales), docente de la FACE (Facultad Ciencias de la Educación) de la Universidad Nacional del Comahue.  gracielafem@gmail.com

** Verónica Trpin: Investigadora Adjunta de CONICET-IPEHCS-UNCo (Instituto Patagónico de Estudios en Humanidades y Ciencias Sociales), docente de la FADECS (Facultad de Derecho y Ciencias Sociales)  de la Universidad Nacional del Comahue. vtrpin@hotmail.com

Las palabras en Mapuzugun seguirán el grafemario Ragileo.

[1] Las I Jornadas de reflexión, investigación y coproducción de saberes “Cuerpo y territorio en contextos neodesarrollistas. Debates sobre colonialidad, capitalismo y patriarcado”, se realizaron los días 16, 17 y 18 de Marzo de 2017 en la Universidad Nacional del Comahue. Las mismas fueron organizadas por integrantes del Núcleo Socio-antropológico del IPEHCS, del Centro de Investigaciones Geográficas del CIG/IdIHCS-CONICET-UNLP, de la Carrera de Especialización en Educación y Estudios Interculturales, de Géneros y Sexualidades (FACE-UNCO), del Centro de Educación Popular e Intercultural y del Grupo de Trabajo – CLACSO “Cuerpos, territorios y feminismos”.

[2] La Comunidad Mapuce Lof Campo Maripe se encuentra ubicada geográficamente en el Paraje Vanguardia, de la localidad de Añelo, en el Departamento del mismo nombre, provincia de Neuquén (Ruta Provincial Nro 17 Km 14). Según lo informado por la Comunidad, la misma está conformada por alrededor de 144 personas, distribuidas en 35 familias.

[3]Vaca Muerta es la principal formación de shale oil y shale gas de Argentina y una de las más “atractivas” del mundo. Tiene una superficie de 30 mil km2, es decir 145 veces la Ciudad de Buenos Aires, o el 30% de la superficie total de Neuquén”. http://www.opsur.org.ar/blog/2017/04/25/el-megaproyecto-vaca-muerta-una-propuesta-de-intervencion/.

[4] El hospital fue presupuestado tres veces, nunca fue ejecutado en el presupuesto de la provincia (Martín Álvarez integrante de OPSUR, entrevista realizada el 17/03/2017).

[5] Basurero para el tratamiento de residuos peligrosos provenientes del petróleo, su finalidad es efectuar la remediación de esos residuos. Los piletones en donde se arrojan los desechos están a cielo abierto produciendo la contaminación del aire por la emisión de gases tóxicos. Esta etapa es la ante última en el proceso de extracción no convencional.

[6] Martín Álvarez, integrante de OPSUR (Observatorio Petrolero Sur), entrevista realizada el 17/03/2017.

[7] Carlos Fernandez, vecino del Barrio Cuenca 15 de Neuquén, entrevista del 17/3/2017.

[8] La Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén se constituyó en el año 2013 a partir de la articulación de diferentes organizaciones sociales para hacer frente al avance de la industria hidrocarburífera en la provincia. “La disputa de sentido desde este espacio de articulación consiste en luchar contra lo hegemónico basado en el capitalismo, el desarrollismo evolucionista y el extractivismo, que por décadas ha indicado que es la única manera de progresar y mejorar la calidad de vida de la población. De este modo, la Multisectorial elaboró una consigna que encierra las distintas aristas de la problemática contra la cual luchan: “No al saqueo, la muerte y la contaminación”” [Riffo 2016: 12].

[9] En las últimas décadas son amplios los aportes que problematizan la llamada “Conquista del desierto” como un acto de destrucción de lo que las élites consideraban poblaciones inferiores, desde la ejecución de una política “genocida” de la llamada generación del ‘80 y de los gobiernos “inmediatamente posteriores contra los pueblos originarios del territorio que hoy ocupa el Estado argentino” [Lenton 2010: 30].

[10] Cabe mencionar que en agosto de 2013, organizaciones indígenas, como parte de la Multisectorial contra la hidrofractura, encabezaron una multitudinaria movilización contra el llamado “Pacto YPF-CHEVRON”. Los/as legisladores/as de la provincia de Neuquén convirtieron en ley el acuerdo entre la provincia e YPF, con el propósito de extender la concesión en el área Loma Campana, de Vaca Muerta, donde la compañía planeba iniciar la exploración de hidrocarburos no convencionales junto a la empresa estadounidense CHEVRON. Mientras se desarrolló la sesión las fuerzas policiales reprimieron por más de 10 horas a los y las manifestantes.

[11] Un punto clave y de alta tensión lo constituyó la toma de una torre de exploración no convencional por parte de las hermanas mayores de Campo Maripe el 11 y 12 de octubre de 2014.

[12] Pety Piciñan, entrevista realizada el 23/10/2015.

[13] Exposición en las I Jornadas de reflexión, investigación y coproducción de saberes “Cuerpo y territorio en contextos neodesarrollistas. Debates sobre colonialidad, capitalismo y patriarcado”, Universidad Nacional del Comahue.

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Cómo citar ¬

Graciela Alonso y  Verónica Trpin, «Territorios y cuerpos en el norte de la Patagonia: desafíos teóricos y metodológicos en tiempos de extractivismo», Revista de Estudios Marítimos y Sociales [En línea], publicado el [insert_php] echo get_the_time('j \d\e\ F \d\e\ Y');[/insert_php], consultado el [insert_php] setlocale(LC_ALL,"es_ES"); echo strftime("%e de %B del %Y");[/insert_php]. URL: https://estudiosmaritimossociales.org/archivo/rems-13/dossier-alonso-trpin/
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